PACK CRUMB Y EL AMOR: ¡HÁBLAME DE AMOR! / LA CARA MÁS DULCE

PACK CRUMB Y EL AMOR: ¡HÁBLAME DE AMOR! / LA CARA MÁS DULCE

Editorial:
EDICIONES LA CÚPULA, S.L.
Año de edición:
Materia
Listado completo Novela Gráfica
ISBN:
978-84-15724-86-5
Páginas:
284
Encuadernación:
Cartoné
32,00 €
IVA incluido
Disponible en 1 semana
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Increible pero cierto. Crumb también ha sido tocado por la flecha de Cúpido.
HABLAME DE AMOR: Robert Crumb, dibujante superdotado y narrador impúdico, es una leyenda viva de la historia del cómic. Su obra, germen del underground norteamericano, ha conseguido ser parte incontestable de la historia del arte sin perder ni una pizca de su naturaleza subversiva.
Aline Kominsky-Crumb, también dibujante, pintora, editora ocasional y guerrera social incansable, es su esposa desde hace más de treinta años.
Juntos y a cuatro manos, dibujando cada uno el personaje de sí mismo, hacen aquí crónica de su relación y sus días, cuestionan las raíces judías de ella y la irreductible obsesión erótica de él, nos comparten su definitiva mudanza desde los ruidosos EE.UU. al prometedor sur de Francia, se analizan el uno al otro y el otro al uno y divagan, viñeta a viñeta, acerca del arte, la vida, el amor y el paso del tiempo.
Háblame de amor es un texto confesional donde Robert y Aline nos lo cuentan todo. Una excéntrica y deliciosa autobiografía en pareja que vale, como mínimo, por dos.

LA CARA MAS DULCE: El “negativo y misántropo” genio del cómic demuestra tener una cara dulce.
¿Pequeñas y monas gatitas, ángeles y bebés? ¿Flores, cucuruchos de helado y bandas musicales de chicos alemanes? ¿Viniendo, supuestamente, del artista más pesimista de su generación? Sí, es más, existe una “cara dulce” en Robert Crumb. Estas deliciosas ilustraciones ejemplifican maravillosamente los muchos momentos de ternura que, hasta ahora, han jugado un rol secundario frente a sus icónicos y más picantes dibujos de culto. Ahora Crumb se remonta a sus humildes inicios americanos como ilustrador de tarjetas de felicitaciones en Cleveland, cuando su talento innato para lo grotesco tuvo que ser reprimido a favor de la perenne llamada de lo “bonito”. El resultado era un mundo alegre y risueño en el que los lectores, cualquiera que fuese su personalidad, edad e incluso orientación sexual, podían disfrutar el momentáneo lapso del artista desde lo gamberro hacia lo bonito.

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